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 Historias del clan HelleQuien (parte 2)

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Koonak
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MensajeTema: Historias del clan HelleQuien (parte 2)   Mar Jun 03, 2008 12:29 pm

Capítulo 5º

Había anochecido. Oscuras nubes cargadas de lluvía cubrían el cielo del pequeño pueblo . Llovería bastante
esa noche.

Bail seguía en la taberna con sus camaradas. Le gustaba quedarse hasta tarde, el vino era excelente y siempre acababa totalmente ebrio. Le encantaba la sensación de euforia que le provocaba; la sangre se agolpaba en sus sienes y su agresividad crecía exponencialmente.

-Yo me voy ya Beil. ¿Vienes?- Era Yaras quien había hablado, el último de sus camaradas que quedaba en la taberna.

-¡Vete al infierno!-contestó el herrero dando un fuerte puñetazo en la mesa.

Yaras pagó a Bambam que luchaba por mantener sus pequeños ojos abiertos tras la barra. Una protocolaria despedida y la taberna quedó vacía excepto por la dueña y el sureño.

"Maldito gordo" - Pensó la enana - "Vete de una vez".

Pasaron unos minutos hasta que Beil se levantó de la silla dando tumbos:

-Esta silla esta coja... - Susurró el ebrio habitante de Yemad para autoconvencerse.

Salió de la taberna y una ráfaga de agua le baño el rostro. Estaba cayendo un aguacero fuera, en pocos segundo su ropa se empapó y pegó a su orondo cuerpo. Se frotó la cara con las dos manos y se despejó un poco.
Su casa estaba a menos de 200 pasos, no tardaría en llegar, comprobó que su espada estaba en el cinto y comenzó a andar.

Aquella maldita lluvia estaba haciendo desaparecer el maravillosos efecto del vino. No había nadie por la avenida. El agua producía un fuerte sonido de tamborileo en el suelo de albero y los charcos comenzaban a tomar dimensiones respetables.

Una sombra emergió entre dos casas a pocos pasos del herrero cortándole el paso. El sureño enfocó tratando ver de quién se trataba.
Era delgado y con proporciones perfectas, llevaba una armadura oscura (Quizás negra) y aunque no parecía pesada era completa.
Las grebas tenían afiladas hojas curvas desde el final de la muñeca hasta el codo y brillaban amenazantes bajo la lluvia. Adivinó una daga en el cinto, aunque estaba envainada y no llevaba espada ni arco.

Sólo podía tratarse de un insensato al interponerse de ese modo en el camino de Beil "El pendenciero". Bajó su mirada al cinto, puso el puño en el mango de su espada y la desenvainó con fuerza. Levantó la vista pero la figura ya no estaba allí.
¿Se lo había imaginado?

Un brutal golpe en la mandíbula lo tiró al suelo dando vueltas. No sentía la parte inferior de la cara, no sabía dónde estaba ni qué había pasado. Tenía los ojos abiertos pero veía todo negro. Intentó hablar pero las palabras no salían de su faringe.
El ojo derecho empezó a enfocar; veía el suelo salpicado por generosos charcos de sangre, estaba boca abajo, levantó la cabeza y exploró su alrededor.
Una cosa estaba clara, su atacante era diestro ya que el descomunal golpe se lo propinó por la izquierda y el ojo de este lado había perdido completamente la visión.

Se incorporó cómo pudo y recuperó la espada. Se llevó la mano a la mandíbula para comprobar lo que temía; estaba rota.

-Te ruego no me guardes rencor en otra vida.

¿Había sonado aquella voz dentro de su cabeza?

Fue el último pensamiento de Bail; un daga de hoja negra como el azabache penetró por su nuca seccionando nervios y columna vertebral a su paso. El preciso impacto hizo que el sureño cayera desplomado en el suelo, fulminado al instante.

La oscura figura se adentró en el bosque de Otaio y desapareció en la espesura.


Capítulo 6º

El tigre llevó a la criatura de su espalda donde la había ordenado; al linde del río.

Una vez allí, se bajo de su lomo con elegancia y le susurró unas palabras al oido. El hechizo se activó cuando pronunció correctamente la última de las palabras y la bestia se desvaneció en el aire.

Sky se acercó al río y se despojó de su armadura. Era blanca con bordados de oro, a simple vista parecía una hermosa prenda de seda, había sido forjada por enanos de las montañas para que su ligereza se asemejase a la de las vestimentas tradicionales pero mantenía la fortaleza de una armadura ligera.
Un clérigo elfo la imbuyó mágicamente hace mas de 300 años y el amor que profesaba la elfa por su armadura había hecho que esta no presentase ni un rasguño.

La protegía un poderoso conjuro; solo la Silvanetsi podía equiparla, de intentarlo otra criatura sería atrapada por la armadura en primer lugar y consumida por llamas hasta que se apagara su esencia.

Se despojo de sus prendas íntimas y se introdujo desnuda en el río.
Tocó con las llemas de los dedos la superficie y disfrutó de su tacto, amaba aquel sitio. El regato apenas tenía caudal y las aguas viajaban tranquilas.
Sky sabía que en aquel afluente había Gaskones*, aun así,nadó hasta donde no hacía pie y se zambulló. Buceó y dio vueltas bajo el agua, intentaba quitarse el olor a orco de la piel. Tras algunas acrobacias se quedo flotando sobra la superficie.

Los Gaskones nadaban a su alrededor, conocían la suave fragancia que desprendía la criatura y disfrutaban de su presencia.

Después de unos minutos, la elfa nadó hacia la orilla y comenzó a vestirse. La suave tela se pegaba a su cuerpo aún mojado contoneando su estilizada figura.

Hacía días que no probaba bocado...Más de 18 creía recordar. Se colocó el carcaj a la espalda, cojió su arco y se adentro en el bosque. Anduvo durante un rato disfrutando del olor de su bosque, del roce de las plantas. La vegetación estaba húmeda, cada mañana el rocío se quedaba entre las hojas de los árboles, en su madera y en los helechos.

Pasaba sus manos por ellos y se las humedecía.Tocaba la madera de los árboles y sentía su esencia.

Su oído recojió una vibración pero no pudo determinar que clase de sonido era.
Cambió de posición sus orejas para que la cóclea captara más nitidamente el sonido.

Esperó.

Silencio absoluto. Se concentró aún más; Aumentó la presión interna del aire en el oido medio. Los sonidos más imperceptibles empezarón a retumbarle en la cabeza. A esos niveles de concentración la filtración de sonidos era casi imposible.
Sentía un profundo dolor en la cabeza,notaba cómo las células ciliadas del Corti transformaban en electricidad los sonidos.
La Silvanetsi temía que se lesionase alguna (Estas células no tienen capacidad regeneradora).

¡De nuevo aquel sonido! Al instante rebajó los niveles de presión de su oido y el dolor de cabeza desapareció.
Pronunció unas palabras en élfico y se sintió liviana como una pluma, tras activar el hechizo corrió en dirección a aquel sonido a la velocidad del viento.


*Gaskones: Anfibios carnívoros caracterizados por su agresividad. Carecen de extremidades y nadan propulsados por su cola.


Capítulo 7º

El elfo oscuro caminaba por el bosque de Otaio silencioso en busca de su segundo objetivo.

Guardó su daga en el cinto, había limpiado la sangre del filo no para evitar que se oxidase como habría hecho cualquier guerrero, sino porque la hoja de su arma se alimentaba del plasma sanguíneo (es la fracción líquida y acelular de la sangre) y lo absorbía.
La daga palpitaba cada vez que se alimentaba e insertaba una pequeña cantidad de ricina en cada nuevo corte.

Siguió caminando entre los árboles fascinado, aquella parte del bosque estaba mucho más frondosa y verde que el linde que limitaba con Yemad. Era como si allí nunca se hubiese talado un árbol o acampado un grupo de mercenarios. Fascinante.

Captó un olor familiar. Olfateo más profusamente y lo identificó; Orcos.
Lo que más le sorprendió es que el aroma que le había llegado era el de la muerte, el aroma que emiten los seres vivos cuando se les ha escapado el último soplo de vida.

Se acercó con precaución y encontró a las tres criaturas muertas tal y como esperaba. Uno de ellos yacía de lado en medio de un gran charco de sangre. El segundo tenía medio cráneo seccionado brutalmente y el último mostraba un agujero en el ojo que salía por su nuca.
La hoguera había sido tapada cuidadosamente con tierra para agredir lo mínimo al bosque.

Se agachó y estudió una huella. Parecía de un tigre o algo semejante y se dirigía al lago. Al incorporarse su armadura tintineó.
Se quedó inmóvil.
El sonido había sido mínimo, unos 0.12 Hercios. Un humano no lo hubiera captado aunque se hubiese producido en medio del más abosluto silencio (El oído humano capta solo las frecuencias de sonido comprendidas en el rango 16Hz - 20.000Hz) pero no era un humano su objetivo.

Dió un paso y la maldita armadura volvió a sonar.
Entonces descubrió la causa; la correa que unía la funda de la daga al cinto estaba floja y al agacharse se había inclinado hasta alinearse verticalmente respecto al suelo. Al mover el muslo generaba un movimiento de vaivén que hacía que rozara la funda con la armadura.

Ajustó la posición de su daga y apretó las correas.Ya no contaba con el factor sorpresa y ese era su mejor baza.
Su mente comenzó a trazar un nuevo plan pero se veía continuamente interrumpido por sus pensamientos sabiendo que el objetivo no tardaría en llegar hasta él.

Decidió adoptar una posición relajada que no mostrase hostilidad alguna. Dejaría su arma alejada de él lo suficiente para que no representase amenaza pero no lo bastante para alcanzarla si la sitación se escapa de lo planeado.
Desató las correas de las arandelas de la funda de su arma y la colocó en el suelo. Se alejó dos pasos y se sentó sobre sus talones. cerró los ojos y se concentró en los sonidos.
Fue incapaz de oir nada, el sigilo de su objetivo era digno de alabanza.

<<Entiendo porque la has reclamado Hash>> Pensó Sakon para sí.


Capítulo 8º

Había dejado de llover pero el suelo estaba cubierto de charcos. El albero se empapaba con facilidad y se convertía en un fango espeso que dificultaba el tránsito.

En la plaza de Yemad, al lado del pozo se perfilaba una figura agazapada en la noche. Llevaba un saco de cuero que probablemente ocultaba sus escasas pertenencias.
Hash llevaba más de una hora esperando a Bambam y no la veía aparecer.

Le pareció oir algo; un carro acercándose y por el sonido metálico que lo acompañaba concluyó que tiraba de él un animal,un caballo quizás.

A los pocos segundos apareció el carromato por la avenida principal dirección a la plaza.
Solo veía el carro y el animal que cargaba con él, pero del cochero ni rastro. Estaba cargado hasta el límite, parecía imposible que aquella vieja mula pudiera estar arrastrando ese vehículo.

Se acercaba poco a poco al pozo donde estaba el daguero. Hash desató las correas de su daga y se llevó la mano a la empuñadura.
Cuando estaba a pocos pasos,las ruedas del carro fueron perdiendo velocidad hasta que quedó totalmente parado, el animal olfateó el suelo distraido y movió las orejas molesto por las gotas de lluvía que penetraban en ellas. Debía de tener al menos once años aquella pobre mula.

-¡Hola viejo!-Bambam apareció de detrás del carro y saludó con energía al sicario-¿He tardado?Lo siento pero tuve que elegir lo imprescindible que traería,no imaginas la cantidad de cosas que he tenido que dejar atrás-dijo con pesadumbre la enana.

Hash miró sorprendido a la enana que estaba ajustando una lona que cubría sus pertenencias y después al carro. ¿Era la pata de una silla lo que asomaba por el lateral?.

-Bambam...¿Piensas salir con ese carro de verdad? Ese pobre animal no dara más de diez pasos fuera del pueblo antes de morir exhausto. Deshazte de todo lo que no sea vital para tí y vámonos de una vez.

La enana miró a Hash y comprendió que tendría que abandonar algo si quería salir del pueblo.
Se acercó a la mula y la acarició. Comenzó a desatar las correas y arneses que la unían al carro.
Hash se acarició el mentón con los dedos reuniendo paciencia:
-¿Qué estás haciendo?-Preguntó cada vez mas sorprendido.

-Tienes razón, la mula no es indispensable, la dejaremos aquí-Sonrió a su amigo.

El asesino señaló con el mango de su arma a la carreta y preguntó:

-¿Piensas tirar tú de eso?

El vehículo se alzaba más de 160 centímetros por encima de la cabeza de la enana y debía pesar mas de 500 Libras (227 Kilos). Bambam se giró, estudió la carreta y respondió al daguero con una sonrisa:

-Si claro.

-Está bien...vuelve a atar a la mula y vámonos de una vez...

Bambam satisfecha por su victoría ató las correas a los arneses del animal y lo instó para que empezase a andar. Pero el fango era espeso, y en el tiempo que habían estado parado las ruedas se habían hundido unos ocho centimetros en la densa sustancia.
La enana empujó con todas sus fuerzas el carro con ambas manos pero no se movió, se puso de espaldas y volvió a empujar haciendo un sobrenatural esfuerzo. La carreta no se movió ni un centimetro del fango y la enana empezaba a hundirse.
El semblante de Bambam se empezó a congestionar por el esfuerzo.
Hash decidió ayudarla antes de que el barro le cubriese la cabeza y tuviera que sacarla a ella también de allí.
Afianzó sus manos a las correas del cuello del animal y empezó a tirar con todas sus fuerzas a la par que lo hacía su amiga. Tras unos segundos de esfuerzo el carro comenzó a salir del fango y reanudó su lento avance hacia la salida Norte de Yemad.

Las botas del sicario estaban cubiertas de fango hasta la pantorrilla y el resto de su armadura presentaba salpicones de esta sustancia: "Maldita sea".
No obstante sonrió al ver a la Bambam cubierta de barro, con su rosado cabello empapado por el agua y por el fango y sus ropas rasgadas. Iba feliz, sonriendo, nada podía apagar su vitalidad y energía.

Quizás aún tenía algo que aprender de aquella enana.
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